Deportivo Maipú se quedó con la final del Reducido del Federal A y volverá a la PN tras casi 30 años. Madryn tendrá revancha el jueves ante San Telmo.

A descorchar y festejar. A abrazarse. A saltar. A quedarse afónico de cantar. Las polémicas y el runrún que se generaron alrededor de Deportivo Madryn, el que según las malas lenguas “debía subir”, no pudieron con la garra y el fútbol de Deportivo Maipú. Y la fiesta en Mendoza será eterna. Al grito de “Botellero, Botellero”. Con los gorros, las banderas y todo el carnaval. Con los bombos y las trompetas. Y el vino, que en aquellos pagos no puede faltar. El sueño que se hizo esperar casi 30 años, hoy es realidad: ¡Maipú es Nacional!
Los Cruzados cumplieron el duro objetivo con el que fueron a buscar a Luciano Theiler. El DT, que venía con experiencia en la Segunda división, bajó de categoría con el anhelo de poder imprimirle su impronta a un equipo que tenía hambre de gloria. Y vaya si lo logró. Presión constante, con un delantero deluxe como Persia, que no perdona, y un mediocampo incansable. Firme en defensa y con la actitud como bandera. Por eso, este domingo los Cruzados subieron merecidamente a la Primera Nacional.
En el match las emociones llegaron temprano. A los 7 minutos Álvaro Veliez recortó de derecha al medio y, abriendo el pie, hizo uno de los goles del campeonato. El tanto tempranero fue clave, pero más aún fue el mazazo que, antes de la media hora, le dio Matías Persia al Aurinegro. El goleador aprovechó un error increíble de Elgorriaga en la salida y terminó de hundir a los de Chubut.
A partir del 2-0, el Botellero se dedicó a aprovechar la desesperación de su rival. Y a Madryn se le terminó la suerte. La fortuna que lo había traído hasta aquí (lo empató sobre el cierre ante Villa Mitre y llegó por penales a la final) no apareció en el Omar Higinio Sperdutti y la fiesta fue del Tricolor. Esta vez, nobleza obliga, el arbitraje fue correcto. Sin polémicas, en un partido muy complejo.
Y cuando el pitazo de Echavarría retumbó en Vergara e Infanteria de San Martín hubo llantos. Corridas. Abrazos por demás. El año se hizo largo, entre viajes y concentraciones, pero la fiesta será eterna. Theiler venía de pasarla mal en Independiente Rivadavia y en la misma provincia encontró alegría. Por eso, este domingo hubo Botellero de champán.
Ole.-